10
Oct
09

y… por fin trinidad

Ya han pasado muchos días desde que regresé de Trinidad, pero eso no es escusa para no hablar de ese lugar tan especial, tan lleno de ternura, tan significante en mi experiencia en ecuador
En cada rincón de esa pequeña comunidad, tan repletita de gente buena, sencilla, alegre, y un sinfín de buenos adjetivos, conviví durante una semana.
No puedo expresar solamente con palabras cada sentimiento que allá viví. El viaje comenzó en Esmeraldas de mañana, salíamos sobre las 6 de la mañana de casa para coger un bus que nos llevara hasta Borbón, un pueblecillo muy relacionado con el comercio y las comunicaciones, puesto que es el lugar donde todas las comunidades del rio Cayapas han de viajar para realizar sus ventas, sus compras o para viajar a cualquier lugar del Ecuador.
El viaje a Borbón duró unas 3 horas, 3 horas un poco interminables. El bus estaba repletito de gente, unos sentados, otros de pie, gente que entra y baja del bus para realizar sus ventas, !!!!empanadasssssssssss a 25 centavos¡¡¡¡¡, !!!Choclos¡¡¡, !!!Caramelitos para endulzar vuestro viaje, a 10 centavitos¡¡¡…
En el bus viajábamos con varios estudiantes de la universidad, puesto que todos íbamos a Trinidad por un viaje organizado para participar en un campamento misión.
Una vez llegamos a Borbón subimos a una lancha que nos adentraría en un maravilloso y alucinante paisaje selvático por el rio Cayapas. Árboles inmensamente altos, casitas de caña en el lugar menos esperado, saludos de los niños, niñas, mujeres, hombres…, que desde sus hogares nos saludaban a nuestro paso por su comunidad, canoas remadas por jovencitos uniformados para acudir a la escuela…
Todo era maravilloso, alucinante, a pesar de mi cansancio no pude cerrar ni un segundo mis ojos, estaba flipando, esa maravilla no aparece ni en las películas, estaba viviendo en un sueño del que aun hoy, creo que no he llegado a despertar, y espero que nunca lo haga.
Y por fin, después de otras 3 horitas en lancha, a lo lejos vimos Trinidad.
Todos nos esperaban junto a Santi, la cual nos había estado hablando maravillosamente de las gentes de Trinidad, y por fin estábamos con ella allí para conocerlos y descubrir lo que es la humanidad, las ganas de ser feliz, lo poquito que necesitamos para seguir nuestro camino, la importancia del agua, la tierra, y en general el medio, tan poco apreciado y con tantas ganas de destruir.
Estábamos felices, con un nudo en el estómago llamado emoción, con esas lagrimillas que sobresaltan de nuestros ojitos sin poder controlarlas, mirando cómo nos recibían con cantos, con su música, con sus bailes. Verdaderamente fue una bienvenida que no contábamos con ella.
Una vez nos instalamos, fuimos a comer todos juntos en una cabaña destinadas para ello, con sus mesas, sus sillas, su cocina. Fue ahí donde conocí a Miche, un chileno muy especial en casa, con un brillo en los ojos que demuestra lo transparente que es, que preparaba la comida con mucha alegría.
Luego tuvimos un tiempecito para nosotros, para hacer cualquier cosa, unos durmieron otros conversaron, otros fueron a jugar pelota…, yo en cambio sobrecogida por ese fascinante lugar pensé que debía caminar para descubrir cada rinconcito de la comunidad, poco duró mi paseo en soledad, ya que de repente sentí que una manita me agarraba de la mano y me llevaba, ese momento es muy especial, miré y era una pequeña niña, llamada Darnela que con su carita me dejó impresionada. Deseaba acompañarme en mi paseíto para que conociera el lugar donde ella había nacido, me miraba sin hablar ni una palabra, me sonreía, me guiaba el camino. Conocí ese lugar que para ella es tan habitual, tan normal, sin impresionarse de nada, en cambio, a mi esas cosillas que para ella pasaban desapercibidas eran un regalo de la naturaleza, una nueva emoción, un cosquilleo por todo el cuerpo, estaba enamorándome de ese lugar, de su paisaje, de sus gentes…
Esa pequeña niña no se separó en toda la semana de nosotros, venía me miraba durante un ratito, me sonreía, me daba un besito, y finalmente se sentaba en mis piernas, y así casi todos los niños y niñas de Trinidad.
Después de ese paseo necesitaba expresar aquello que recorría mi mente, y fue en forma de gotitas de lagrima, empecé a llorar sin parar, de emoción por estar allí, de tristeza y pena por no poder compartir eso con mis padres, con mi hermana, con mis amigos, me sentía un poco egoísta por ello, pero ese sentimiento pasaba al siguiente, al hecho de que por eso debía vivirlo al máximo, que debía contarlo, animar a la gente a que entendiera que otra manera de vivir, con otro aliento, otra energía, es posible. A lo lejos veía a los niños bañarse en el rio, como pececillos en movimiento sin ningún tipo de peligro, sin miedo, ya que el rio para ellos significa tanto, juego, transporte, alimento, higiene, diversión… y en general su vida.

Durante la semana fuimos conociendo más de cerca a toda la comunidad, a los y las estudiantes de la uni, el espacio, realizamos una minga para limpiar los senderos donde ellos se ganan la vida, hicimos apoyo escolar, preparamos recursos para la escuela, realizamos actividades con los más peques, con los mayores, fiestas, reuniones, bailes, canciones, una velada nocturna alrededor de una fogata… Fue alucinante… y todo ello fue gracias a la actitud de la comunidad, al saber estar con nosotros, a su humildad, a su sabiduría, a sus enseñanzas.
Si, el lugar como decía era bello, pero en realidad lo embellecían las personas de la comunidad, Darnela, Teresa, Bebito, Jairo, Irma, Domingo, Siro, Ariel… tod@s y cada un@ de ell@s.

Los día se aproximaban al final de mi estancia allí, por un lado no queríamos marchar, la necesidad de respirar ese aire, de bañar en esas aguas, de renovar mi energía, de comprobar el significado de vivir, de atreverme a aprender de todo lo que me mostraban esos sabios… me hacía difícil mi marcha, pero el saber que volvería y el necesitar ver a nuestr@ niñ@s del barrio y preparar el Campamento para la siguiente semana, nos empujaba a regresar a la ciudad, al tráfico, al griterío, a la contaminación…

Nuestro viaje terminaba, la comunidad nos acompañó hasta las escaleritas que bajan al rio donde nos esperaban en la lancha para marchar, era muy muy temprano, pero eso no fue causa suficiente para que todos nos despidieran de nuevo, como lo habían hecho a la llegada. Las lágrimas volvieron a salir de nuestros ojitos en el momento en el que trinidad y toda la comunidad, poco a poco se iban haciendo chiquititos, nos alejábamos con tristeza por despedirnos de ese lugar, pero llenas de vida, con tantos momentillos especiales, con imágenes de felicidad de nuestras mentes…
Fuimos alejándonos hasta que ya no los vimos, toda la gente iba calladita, dormida, hasta que Julia, Carmen, Ainara, Andrea y yo, decidimos empezar a cantar, casi nos echan de la lancha al agua, canciones así como de Laura Pausini, Camela, Alejandro Sanz, Estopa, José el Frances… hicieron de un viaje que en principio parecía tristón, a un viaje ameno, divertido… y no por la discografía sino por el hecho de haber sido actores principales de ese paraiso llamado Trinidad

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"No busco el límite de las fronteras, sino la delimitación de los horizontes." "Queda prohibido llorar sin aprender." "En un país bien gobernado debe inspirar vergüenza la pobreza. En un país mal gobernado debe inspirar vergüenza la riqueza."

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